«Dame mi abrazo de osito, gordita»
Dame mi abrazo de oso, gordita
Abrazo de osito. Así comenzaba uno de los momentos más especiales entre Priscila y Alberto. Aquellas palabras, sencillas y llenas de cariño, se convirtieron con el paso del tiempo en un recuerdo imborrable que hoy sigue acompañándola cada día. En su habitación permanece el póster de las alas, un símbolo que mantiene vivo el vínculo con su hermano y con todo lo que representó para ella.
Un hermano que siempre sabía cómo animarla
Priscila recuerda que, aunque Alberto era menor que ella, tenía una capacidad especial para levantarle el ánimo. Desde muy pequeño transmitía alegría y cercanía a quienes lo rodeaban. Era un niño sociable, generoso y especialmente cariñoso con las personas mayores, con las que entablaba una relación natural y sincera.
La valentía que sigue presente
La fortaleza de Alberto continúa reflejándose en la vida de su hermana. Cada recuerdo, cada fotografía y cada rincón de la casa mantienen viva su memoria. Su ejemplo sigue siendo una fuente de inspiración para afrontar los momentos más difíciles.
Un recuerdo que permanece para siempre
Entre todos los recuerdos compartidos, hay uno que Priscila guarda con especial emoción. Antes de abrazarla, Alberto sonreía y le decía: «Dame mi abrazo de osito, gordita». Esa frase quedó grabada para siempre en su corazón y hoy representa el amor, la ternura y la unión que compartieron como hermanos.
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